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Los Pishtacos del Mito a la Realidad

Tema en 'Misterios y Enigmas' comenzado por Sheriff Woody, 19 Jul 2013.

  1. Sheriff Woody

    Sheriff Woody
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    El Pishtaco o Nakaq (del quechua “pishay”), este es uno de los personajes de en la narrativa oral andina.

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    Se trata de un personaje solitario y siniestro con presencia en las altas cordilleras, parajes desolados, lagunas y quebradas de los Andes.

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    Tiene como caracteristica primordial su gran medida corporea y su aspecto de hombre blanco , barbudo y rubio o pelirrojo. Algunos han observado la similitud de este personaje con los antiguos conquistadores.

    El Pishtaco no es un simple asesino. Para algunos en su raíz mítica no mata por dinero ni por diversión, sinó por mandato de superiores con el fin de obtener una dotación de grasa humana.

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    Segun versiones recientes recogidas en el Cuzco por F. Kauffmann (1974) esta grasa humana sería indispensable para el funcionamiento de maquinaria fina emplazada en Lima y para mezclarla con la gasolina para hacer volar a los aviones.

    El pishtaco pudo ser en tiempos pre-colombinos un comisionado oficial del sacerdocio, proveedor de material para los sacrificios.

    Introducción

    Pishtaco es una palabra quechua que se deriva de la palabra “pishtay”, que significa “decapitar, cortar la garganta o cortar en pedazos”. La palabra pistaco es usado en otros lugares. De hecho, desde las zonas rurales parte de Bolivia, Ecuador y Perú, los pueblos indígenas comparten la historia del Pishtaco, como un carácter ambiguo, líquido y complejo en el imaginario andino que representa a diversas instancias del poder y de violencia.

    El Pishtaco con su asesinato ha estado presente desde antes de la época colonial hasta el actual, siempre cambiando a través de períodos históricos de crisis e inestabilidad en la región Andina, desde las zonas más remotas hasta las zonas urbanas, y desde el pasado hasta el presente.

    En una publicación el New York Times escribe en Noviembre 19, 2009 sobre los "pistacos" que asesinaban para obtener grasa humana, posiblemente para venderlos en el mercado negro en Europa para el uso de cosméticos. Aun que los expertos de medicina expresaron que podría existir un mercado chico, pero dudan que pueda exista un mercado internacional para grasa.

    Leyenda del Pishtaco

    Según las leyendas publicadas por muchos autores, nos relatan sobre los pishtacos que se identifican como seres de “saca ojos y degolladores”, que viven para extraer la grasa de los seres humanos. Con esa grasa se cree que era para hacer funcionar sus maquinas, esas maquinas que van cambiando la faz de la tierra. Los relatos reflejan una clara conciencia de que existe una relación de intercambio entre los pishtacos y otras personas en el extranjero.

    Los escritos de Ansion, J. en 1989, en su obra “Pishtacos de Verdugos a Saca ojos”, y de Bestien, J. W. 1978, “Mountain of the Condor” dicen que a pesar del hecho que la región andina tiene una población grande de indígenas, estas minorías raciales y étnicas, fueron y siguen siendo aterrizados por un pequeño grupo de "mestizos y blancos" con la ilusión de la democracia que hace a los indígenas ciudadanos invisibles en sus propios pueblos. La persistencia del mito “Pishtaco” indica una evidencia cultural de raza, clase, sexo, y étnicas. Pero en las sociedades Andinas Peruanas es una realidad, donde ladrones aprovechan de este mito para robar y aterrizar la gente.

    Serán humanos o degolladores

    Lo más increíble de todo esto es que los pishtacos no son simplemente miedos, ansiedades y supersticiones de la gente, sino con sus acciones se convierten en realidad con una sustancia que tiene el poder de cometer todos los eventos de atrocidades posibles. Los mitos relatados ofrecen fuentes indispensables para comprender la forma que han ocurrido en las zonas rurales y urbanas marginadas del Perú. Sobre todo sé sabe que mucha gente ha oído hablar de pistacos y experiencias concretas de la vulnerabilidad y desigualdad.

    El propósito es documentar las diferentes experiencias relatados por nuestros abuelos y antepasados sobre los pishtacos desde la época colonial hasta la actualidad, con el objeto de establecer que Huarochiri a pesar de ser una provincia de Lima, también vivieron aterrizados por los más increíbles actos de violencia de los pishtacos. Estos relatos reflejan una clara conciencia de barbaridades cometidos a la gente de la zona sur de Huarochirí. Al intentar de conocer estos actos, estoy seguro que hay muchas historias de gente o viajeros de los distritos vecinos de Huarochiri, que no es una coincidencia, sino nada menos como de: San Lorenzo de Quinte, Santiago de Anchucaya, San Pedro Huancayre, San Juan de Tantaranche, Carhuapampa, Sangallaya, Huanchar, Huancata, Queripa, Mariatana y otras. Creo que si su tiempo lo permite, seguramente querrá conocer este mito que tan claramente muestra la sabiduría indígena.

    Por salvar su vida pierde un ojo

    Efectivamente, en aquella época cuando aun no existía carretera entre Lima y Huarochiri, los viajes desde Huarochiri hasta Lima lo hacían por el camino de herradura transportando el famoso queso y otros productos huarochiranos. El viaje duraba hasta tres a cuatro días y con muchos riesgos. Por supuesto que muchos huarochiranos tenían sus peones para realizar estos viajes, quienes también se encargaban de vender y hacer las compras en Lima.

    En aquellos tiempos, después del terminal en Carmen Alto, todo el barrio de Barbones en Lima era el terminal y la estación ferial donde existían muchas carretas para el ganado vacuno, caballos, mulas y burros. Era el lugar donde se hacia el negocio directo con los comerciantes. Después de vender sus productos y con el dinero compraban madera, calaminas, artículos de construcción, prendas de vestir y cosas de alimento que no se producía en Huarochiri.

    Don Toribio Contreras, quien había perdido un ojo luchando por su vida con pishtacos, era uno de esos ayudantes que experimentó y contaba a sus nietos todos los pormenores de esos viajes. Cuando uno de sus nietos, hoy el Ingeniero Carlos Contreras Chucle, quien reside en Houston, Texas, USA, dice que cuando viajaba a Lima para seguir sus estudios secundarios tuvo la mala suerte de caminar desde el lugar denominado “pozo” hasta el lugar Cieneguilla, a pie con sus libros que llevaba en su alforja. Fue una experiencia de una gran aventura que ocurrió por el año de 1938, en el mes Enero durante la temporada de las lluvias. Esas lluvias habían causado huaycos interrumpiendo el camino carretera en lugar de pozo, donde los camiones estaban estacionados sin poder hacer su recorrido de regreso a Lima.

    El joven Contreras tuvo que hacer una decisión de caminar con rumbo a Lima, aun que para ese tiempo los riesgos de los pishtacos se habían reducido notablemente. Sale del lugar de pozo a las 5:00 de la mañana y camina todo ese trayecto de arenales con bastante calor donde no se encuentra ni agua para beber, pero llega a Cieneguilla como a las 5:00 de la tarde. Luego toma un colectivo pagando 50 centavos por el pasaje a Lima.
    Esta aventura los hacer recordar a Carlos los relatos y experiencias de su abuelo don Toribio Contreras, quien había perdido un ojo para salvar su vida por la década de 1910 a 1920. Hablaba que los patrones huarochiranos siempre llevaban dinero y mercadería de Lima a los pueblos de la zona sur de Huarochiri. Viajar solo era un reto interesante de enfrentar, además de satisfacer los encargos y recargos de los patrones.

    Lo ocurrido fue en un lugar muy bien conocido llamado “Shawilca”, donde precisamente los viajeros tenían que pasar frente a este lugar, un poco escondido con entradas profundas, fue allí donde muchos viajeros eran atacados por los ladrones que eran conocidos en esas épocas como pishtacos. Muchos de estos se defendías de los agresores para proteger con todo a su alcance hasta lanzando arena a los ojos, pero tenía que pelear para salvar su vida. Esto explicaba porque don Toribio tenía un ojo mal.

    Si bien sabia don Toribio que había conseguido escapar de las garras de los pishtacos, sabía que eso no era todo y sentía cada vez más fuerza que debería contarlo y agradecer a la vida tantas oportunidades para estar vivo. Deseaba que esa experiencia algún día se traduje en una contribución, aun que la palabra no sonara muy bien. Esto es un recuento que nos hace imaginar cómo la gente de la zona sur de Huarochiri tenía que caminar inmensas planicies, quebradas y arenales unas tras otras, como se dice una caminata por más de 150 kilómetros para comunicarse con Lima.

    Montado su caballo negro se salva

    Conocer más cerca de las propias aventuras de nuestros abuelos es un deseo irresistible de los seres humanos. Cuantas veces he pasado juntos con mi abuelo Pedro, porque yo pasé por muchos lugares juntos y desde muy niño escuché los relatos y recuerdos de mi abuelo, imaginándose su pueblo, sus calles, el campo, sus comercios, su trabajo como ganadero y una pequeña tienda de abarrotes Cuando logré escuchar los recuentos sobre los pishtacos fue una reacción de miedo y me quedé paralizado y casi sin habla. Pues tener esa vivencia, y escuchar tanta historia sobre los robos, los escondites y lo humillante que era su experiencia de sus viajes a Lima. Entendí que los abuelos, sobre todo cuando falta de los padres deben alimentar a sus nietos con su cultura y sus antecedentes para que las raíces de la familia crezcan y se mantengan solidas.

    Creo que los de mi generación no tenían mucha idea de lo que había acontecido a nuestros antepasados en el trayecto de sus viajes a Lima. Creo que yo sabía más por mi abuelo. La juventud de ese momento había nacido después que la carretera Lima Huarochiri o quizás estaba cerca o ya había llegado. Los pishtacos para nosotros era un tema superado y no había dialogo posible al respecto.

    Como era de costumbre para los ganaderos de vacunos de la región, durante el invierno por los meses de Febrero o Marzo llevaban a sus ganados, como ellos decían a las alturas, para usar los pastos naturales. Mi abuelo Pedro juntamente con su hermano Calixto se ponían de acuerdo para llevar y levantar campamento hasta llegar el lugar de “Mayama”. Algo natural para ellos pasaban una temporada en esos lugares.

    En el mes de Mayo, parece que las vacas veteranas sabían que era tiempo de regresar a Huarochiri. Esto también era la temporada para hacer la señal de la nueva generación de animales, donde también se consideraba los animales para venta, es decir aquellos que ya no tenían hijos, o torillos que no calificaban para ser el padre de la creación, y que tenían que hacer un viaje muy largo a Lima, por tal motivo se los separaban en un corral de embarque.

    Al siguiente día muy temprano, mi abuelo con su caballo negro y su ayudante emprenden ese viaje con rumbo a Lima con los animales que han sido seleccionados que se encontraban invernados y listos para el comercio de la carne. En aquellos tiempos el viaje por camino de herradura con animales tomaba de cuatro hasta cinco días.
    Curiosamente, una vez en Lima el negocio fue rápido, toma su dinero y se prepara para hacer el viaje de regreso para encontrarse con su esposa y su familia en Mayama y luego levantar campamento para regresar a su pueblo. Parece que todo iba bien, el ayudante decidió quedarse en Lima y mi abuelo decidió correr el riesgo, pero confiaba en su caballo negro. Siempre la gente viajaba acompañados, ya que en esos viajes siempre eran de riesgos. Vivimos en un mundo donde hay que tomar riesgos para sobrevivir, ycorrer riesgos, no es bueno ni malo, sino es la elección o opción que tomamos”.

    Lo más increíble de todo, sucedió la madrugada en que mi abuelo regresaba de Lima con rumbo a Mayama con su caballo negro, por los caminos de “Shawilca” y “Pampa Grande”. Cuando divisó dos hombre que caminaban acercándose de un costado hacia mi abuelo. En el momento que aquellos hombres se acercaban comenzaron a disparar. El caballo negro comenzó a correr como fulminante de un disparo. Después de cruzar dichos lugares, cuando mi abuelo ve a su caballo negro tenía la boca llena de espuma y el resto del cuerpo empapado de sudor, parecía que el caballo respiraba con dificultad. Se bajó del caballo para tratar de auxiliarlo como fuera.

    Pasaron unos minutos que parecían horas, y cuando el caballo comenzó a relinchar. Sus ojos se veían brillosos, el tiempo que descansó lo ayudó a recuperarse de tanta prisa de la carrera por más de una hora. Como resultara fácil suponerse, varias veces había pasado por esos lares sin ninguna dificultad. Mi abuelo decía que se ponía a pensar de esas experiencias que se han dado en su vida y se preguntaba si sería la protección de su santo patrón San Antonio o si se trataba de una dimensión desconocida. El siempre llevaba en su alforja una imagen de San Antonio. Creo que a todos los mortales los ocurren en esos semejantes casos. Y los aceptamos sin más explicaciones. Basta con vivirlos, pero que no repita.

    Una hora después de descanso, continuaron su viaje a Mayama Huarochiri, con su dinero intacto de la venta de su ganado vacuno, que era una cantidad nada despreciable. Desde entonces, mi abuelo tenía mucha consideración a su caballo negro. Nadie podía cabalgar sin su autorización. El usaba su caballo con su montura y frenos de plata, que salía a la plaza principal para lucirse durante las corridas de toros de las fiestas patronales. Su visión era su ganado vacuno, y su diversión era lucirse con su caballo negro, como ganadero y camalero.

    Son tantas las situaciones de violencia y estragos en los tiempos de los pishtacos, si así podemos llamarlos, que han sucedido no solo a mi abuelo, sino a muchos de de esa región. Pienso que por eso me abuelo decidió contarme lo que había sucedido, quizás para olvidarlo. Pero la verdad es que no le entendí mucho al final de su explicación, me quedó claro que los pishtacos si existían aun existen, solo tiene que escuchar las noticias de radio o televisión. Por lo tanto después de escuchar una conclusión de una persona como protagonista de esta historia ha causando, a pesar de todo, un gran impacto, harto de tanta maldad, que no lo creía.

    Historia real de un huarochirano

    En un viaje de Lima a Huarochiri, juntos viajábamos en un camión con un huarochirano llamado Ernesto Aguirre por la carretera vía de Tinaja. Antes de llegar al lugar de Tinaja, la carretera se ve bastante inclinada de subida donde el camión corría muy despacio, luego don Ernesto nos cuenta sobre su experiencia durante la construcción de la carretera por este lugar. Un lugar árido si vegetación, de muchos kilómetros lejos a Lima y mucho más lejos de Huarochiri.

    En aquella época de los trabajos de la construcción de la carretera vía Tinaja, eran durante los veranos entre los meses de Mayo a Septiembre. De dos en dos comunidades salían a este lugar para cumplir la quincena, y trabajar sus tramos designados. Se estima que esto era por los años de 1930 a 1935. También, era de costumbre que la comunidad de Llambilla y Suni trabajaran juntos la quincena, luego la comunidad de Lupo y Huarochiri, con Independientes de Comunidades.

    Don Ernesto Aguirre comenzó a relatar que durante los trabajos de su quincena en lugar antes de llagar Tinaja, todos los comuneros estaban trabajando cuando un muchacho llegó corriendo muy agitado, diciendo: Acaban de ver a unos hombres armados de pistolas y rifles, que habían robado a unos viajeros los días anteriores. Además, van a la choza de la pastora y los amenazan para que los den de comer, con los pocos y escasos alimentos que tenían para el mes. ¿Dónde? Preguntaron. Están durmiendo en una cueva más allá de un corral de ganado de cabras. Los comuneros pararon de trabajar, luego se dirigieron a la cueva donde efectivamente encontraron a tres sujetos. En la cueva encontraron toda clase de artículos como monturas, riendas, frazadas, prendas de vestir, etc.

    Los trajeron al lugar donde estaban trabajando para acordar que hacer con aquellos ladrones. Mientras se ponían de acuerdo entre los comuneros para determinar que acción a tomar, parecía que uno de los ladrones estaba escuchando de lo que se hablaban. Algunos querían justicia en el mismo sitio, otros decían llevarlos a Lima para que los jueces se hagan cargo. Pero para llevarlos Lima requería de servicios de un abogado y dinero, es lo que ellos no tenían. En ese transcurso, uno de los ladrones se dio cuenta de la gravedad que los esperaban, y a tiempo se arrojó a una quebrada con más de 50 metros de profundidad, logrando escapar. Muchos de ellos pensaban que era casi imposible sobrevivir de una caída de esa naturaleza.

    Al estar consientes de las circunstancias, los comuneros debatieron y por mayoría decidieron terminar con los dos restantes en ese mismo lugar. No había otra alternativa, la indignación era muy extensa entre los comuneros de las dos comunidades. Esos “ladrones”, eran seres sin alma, que además de vivir de los robos y muertes, seguramente todavía tienen protección de alguien o algún abogado en Lima. Tenían que estimar también que no contaban con los recursos necesarios para financiar un proceso de justica en Lima, porque la justicia era un sistema corrupto. Además, sabían muy bien que la corrupción no estaba asociada con la pobreza, sino con los grandes.

    Al final, en acuerdo general, aun que con el nerviosismo y el apuro del momento, la decisión fue unánime eliminarlos en el momento. No era para calmar una rabia que empujaba al inicio, sino era como se dice hacer justicia, pero ojo por ojo, diente por diente. Trajeron gasolina y lo quemaron al instante para eliminar la posibilidad de juicios y que vengan investigar sobre los hechos, solo se encontraría cenizas. Desde ese momento se cierra el telón de una época, de una historia que no se volvió a repetir por muchos años después. De ninguna manera podían dar marcha hacia atrás. Los viajes de la gente de los pueblos de Huarochiri no podían continuar así, algo tenía que ocurrir para que acabe esa situación de terror y violencia, que era como vinculo sobre la economía política en que el lenguaje es parte de un complejo proceso de luchas. En todo caso, como nos dice Mark Twaim, “falto de dinero es la raíz de todo malo y maligno”.

    Muchos años después, durante uno de mis viajes de regreso a Huarochiri por la carretera de Tinaja, me pareció divisar a esa quebrada en ese mismo lugar. Un lugar lejos, en medio de esa soledad, entre arenal y muy escasa vegetación, miraba atentamente para revivir en mi mente esos eventos que me había contado don Ernesto Aguirre. Continuando con el autobús que nos llevaba, cruzando el lugar de “pozo”, también tuve una gran impresión, un caserón de una estación del pasado. En esta estación vivían familias que se ganaban la vida ofreciendo y vendiendo alimentos a los viajeros. Me pareció si eso era una vivienda, podría servir como excelente ejemplo de cómo sobrevivían la gente en ese punto del olvido, porque la carretera de la vía Tinaja, hoy es solamente un recuerdo. Avanzando por la carretera, el paisaje se iba aclarando a medida que nos aproximábamos al caserío de Buena Vista, luego continuamos nuestro viaje a Huarochiri.

    Al final de cuentas, todas estas historias de atrocidades queremos olvidarlo, pero no podemos porque representa una historia de ladrones armados llamados pishtacos que han agobiado con crímenes a la gente de la región Andina. Claro que no soy un testigo de primera mano, de estas historias. Alguien tuvo que contarme para poder compartir con los lectores.



    Fuente: http://www.huarochirano.com/autor_pistacos.html

    Los míticos y temidos pishtacos de la sierra saltan a la realidad

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    Cuatro individuos fueron acusados hoy en el Perú de pertenecer a una banda organizada que podría haber asesinado a hasta 60 personas para comercializar con su grasa.
    El titular de la 57 Fiscalía Provincial Penal de Lima, Jorge Sanz, informó en una nota de prensa que a los cuatro detenidos se les atribuyen los delitos de homicidio por lucro y asociación ilícita para delinquir en agravio del Estado.

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    La investigación desarrollada por la policía y el Ministerio Público señala que estos individuos habrían causado la muerte del Abel Matos Aranda el pasado 16 de setiembre con el objetivo de sustraer, según la nota, “tejidos somáticos de la víctima”.
    Posteriormente, estos tejidos iban a ser comercializados en Huánuco en la propia capital peruana e incluso en Europa.

    Los detenidos pertenecerían, según la fiscalía peruana, a una banda de pishtacos, vocablo proveniente de la palabra quechua “pishtay” que significa “cortar en tiras” y que hace referencia a una agrupación de asesinos a sueldo que forman parte de las leyendas andinas.

    Según el Diccionario Enciclopédico del Perú, del autor Tauro del Pino, los “pishtacos” son una banda de bandoleros que asaltan hombres y mujeres solitarios, a los que degüellan para comer su carne a la manera de chicharrones y vender su grasa.

    http://elcomercio.pe/peru/370930/noticia-miticos-temidos-pishtacos-sierra-saltan-realidad

    Que opinan, existen estos seres malditos :mads: o son producto de nuestra imaginación :)
     
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